Huir del fuego para caer en las brasas

traducción y pequeña adaptación de un texto original de Aral Balkan (CCBYSA)

Mariana Mazzucato ha publicado un artículo en la revista MIT Technology Review titulado Let ‘s make private data into a public good.

Mejor no hacerlo.

Si bien las críticas de Mariana sobre el capitalismo de vigilancia son acertadas, su propuesta de remedio queda lejos de ser recomendable.

Sí, el capitalismo de la vigilancia es malo

Mazzucato comienza argumentando, y con razón, que las grandes empresas del capitalismo de vigilancia, como Google o Facebook, “están obteniendo enormes beneficios utilizando tecnologías que fueron financiadas originalmente con dinero público, de los contribuyentes”. Según la autora, “el algoritmo de Google se desarrolló con fondos de la National Science Foundation, e internet surgió de los fondos de DARPA. Lo mismo pasa con  las pantallas táctiles, el GPS e incluso para Siri. A partir de estos esfuerzos públicos, los gigantes tecnológicos han creado monopolios de facto, a la vez que eluden cualquier tipo de regulación -fiscal y legal- que controlaría los monopolios en cualquier otra industria. Además, su modelo de negocio se basa en aprovechar los hábitos y la información privada de los contribuyentes que financiaron estas tecnologías en primera instancia “.

No hay nada que discutir aquí. Se trata de un breve resumen de la tragedia de los bienes comunes que se encuentra en el corazón del capitalismo de vigilancia y, de hecho, en el neoliberalismo.

Mazzucato también describe con precisión el modelo de negocio de estas empresas, aunque sin centrarse en el mecanismo real por el que se recogen los datos. Dice que los modelos de negocio de Facebook y Google se basan en la mercantilización de datos personales, transformando nuestras amistades, intereses, creencias y preferencias en propuestas comerciales … La llamada economía compartida se basa en la misma idea.

Hasta aquí, todo bien. Pero, a continuación, el texto hace un giro espantoso:

De hecho, no hay ninguna razón para que los datos del público no sean propiedad de un depósito público que vende los datos a los gigantes tecnológicos, en lugar de viceversa.

Hay muchas razones por las que no tenemos que hacerlo.

El análisis de Mariana Mazzucato es básicamente defectuoso en dos aspectos: en primer lugar, ignora la violación de la privacidad, que es por sí misma una injusticia inherente al capitalismo de vigilancia. Se podría decir que su recomendación tendría incluso el efecto de querer normalizarla. En segundo lugar, perpetúa una falsa dicotomía: que no existe ningún sistema de diseño de tecnología más allá de Silicon Valley, olvidando mencionar que existen verdaderas alternativas: tecnologías éticas, libres, abiertas, descentralizadas e interoperables.

No, no tenemos que normalizar la violación de la privacidad

 

La principal injusticia que ignora el texto es que el modelo de negocio de Google y Facebook se basa en la violación de un derecho humano fundamental, la privacidad. Cuando dice “no olvidemos que una gran parte de la tecnología y los datos necesarios han sido creadas por todos, parece que nos hemos reunido voluntariamente para crear un conjunto de datos para el bien común mostrando los detalles más íntimos de nuestras vidas, mediante sistemas de seguimiento y agregación de datos. En verdad, nunca hicimos nada parecido.

Fuimos cultivados.

Es posible que nos resignamos a ser rastreados por gente como Google y Facebook porque no tenemos otra opción, pero esta no es una definición saludable de consentimiento, según ningún estándar. Si el 99.99999% de toda la inversión se destina a financiar tecnología basada en la vigilancia (y lo hace), entonces las personas no tienen una verdadera opción ni se puede esperar que den ningún tipo de consentimiento significativo para ser rastreados y categorizados. El capitalismo de vigilancia es la norma hoy. Es la tecnología convencional. Es lo que financiamos y lo que construimos.

También es básicamente injusto.

Hay una razón muy importante por la que los datos del público no deben ser propiedad de un repositorio público que los venda a los gigantes tecnológicos: que, de hecho, no son datos del público, son datos personales y nunca deberían ser compiladas por un tercero, para empezar. Es posible escuchar el mismo argumento de personas que dicen que hay que nacionalizar Google o Facebook.

No, no, no, no, no, no, y no! La respuesta a la violación de la privacidad por parte de las grandes corporaciones no es una violación de la misma por parte del gobierno, sino respetar nuestros derechos humanos y no violar la privacidad de nadie.

Esto no quiere decir que no podamos tener un repositorio común (Commons) de datos públicos. De hecho, tenemos que hacerlo. Pero debemos aprender a hacer una distinción básica entre los datos sobre las personas y los datos sobre el mundo que nos rodea.

Datos sobre personas ≠ datos sobre rocas

Nuestro error fundamental al hablar de datos es que usamos un único término cuando se hace referencia tanto a la información sobre personas como la información sobre las cosas. Y aún así, hay un mundo de diferencia entre datos sobre una roca y datos sobre un ser humano. No puedo privar a una roca de su libertad ni de su vida, no puedo dañar emocionalmente ni físicamente una roca, pero sí puedo hacerlo con las personas. Cuando definimos lo que se permite hacer con los datos, si no somos específicos, tanto si hablamos de rocas como de personas, uno de estos dos grupos saldrá mal parado y no serán las rocas. Hay que seguir una regla muy básica:

Los datos sobre individuos deben pertenecer a los mismos individuos. Los datos sobre los bienes comunes deben pertenecer a los bienes comunes.

Pido a todos los que trabajan en esta área -especialmente a los profesores que escriben libros y quieran dar forma a políticas públicas- que aprendan esto.

Hay una alternativa

He mencionado anteriormente que el segundo error fundamental en el artículo de Mariana Mazzucato es que perpetúa la falsa dicotomía que Silicon Valley y su modelo capitalista de vigilancia masiva es el único modelo posible y que lo tenemos que aceptar como tal. Esto es falso.

Es cierto que toda la tecnología moderna funciona recogiendo y compilando datos. Este no es el problema. La cuestión central es “quién es propietario y controla estos datos y de la tecnología con la que se recopilan?”. La respuesta a esta pregunta hoy es “las grandes corporaciones”. Las empresas como Google y Facebook poseen y controlan nuestros datos no a raíz de alguna característica inevitable de tecnología moderna, sino porque diseñaron su tecnología de acuerdo con las necesidades de su modelo de negocio.

Concretamente, Google y Facebook diseñan tecnologías propietarias y centralizadas que crean adicción en las personas y las bloquean dentro de sus entornos cerrados. En estos sistemas, sus datos se conservan en un lugar donde no es el propietario. Como dice la Free Software Foundation, la nube no es más que “ordenadores de otras personas”.

El punto crucial, sin embargo, es que esta forma tóxica de construir tecnología moderna no es la única forma de diseñar y construir tecnología.

Sabemos cómo crear sistemas libres, descentralizados e interoperables donde nuestros datos se originan en un lugar que nosotros, como individuos, poseemos y controlamos.

Dicho de otro modo, sabemos cómo construir tecnología donde los algoritmos se mantienen en nuestros propios dispositivos y, para empezar, no explotan nuestra información personal.

Decir que hay que tener en cuenta que un tercero recopilará nuestros datos personales es capitular ante el capitalismo de vigilancia. Es aceptar la falsa dicotomía de que o tenemos tecnología basada en la vigilancia o renunciamos a la tecnología moderna.

Esto no es cierto, ni necesario ni aceptable: Podemos y debemos diseñar tecnologías éticas.

We practice Ethical Design

Regular y reemplazar

 

Como cada vez más escucho argumentos derrotistas que aceptan inherentemente la vigilancia como parte normalizada de la tecnología moderna, quiero reiterar lo que parece una verdadera solución.

Hay dos cosas que tenemos que hacer para crear una alternativa ética al capitalismo de la vigilancia:

  1. Regular la mierda de los capitalistas de vigilancia: El objetivo aquí es limitar sus abusos y daños. Esto incluye la limitación de su capacidad para reunir, procesar y retener datos, así como multarlos con cantidades significativas e incluso forzar su cierre.
  2. Fundar y construir alternativas éticas: En otras palabras, substituir las grandes corporaciones por alternativas èticas. Hoy existen alternativas éticas, pero lo hacen principalmente gracias a los esfuerzos extraordinarios personales de un pequeño grupo de de rebeldes del DIY tecnológico. Son proyectos muy precarios en relación a las tecnologías domintantes. A menudo son apuestas financiadas a título personal, o vía pequeñas campañas de micromecenazgo o de donaciones, o más a menudo, a una combinación de todo ello.

Algunos, como Puri.sm, construyen dispositivos, otros, como Mastodon, redes sociales federadas. También existen alternativas descentralizadas en la web centralizada (DAT). Todos estos proyectos se hacen normalmente con poco o ningún tipo de financiación. Su objetivo es garantizar la propia supervivencia y poder demostrar que hay una alternativa tecnológica mucho más amable -y justa que las tecnologías dominantes.

Mientras tanto, utilizamos el dinero de los contribuyentes en la UE para financiar iniciativas basadas en la vigilancia. Las llamadas “start ups”, empresas que, si son exitosas, probablemente serán adquiridas por grandes corporaciones capitalistas del estilo de Google y Facebook. Si fracasan, por otra parte, el contribuyente europeo pagará la factura. Europa vive inmersa y sometida al imperialismo digital de Silicon Valley, y se ha convertido en su departamento de investigación y desarrollo no remunerado.

Esto tiene que cambiar.

La tecnología ética no crece en los árboles. Los capitalistas de riesgo no la financian. Silicon Valley no la construirá.

Un contrapunto significativo al capitalismo de vigilancia que proteja los derechos humanos y la democracia no vendrá de China. Si no conseguimos crear uno en Europa, me temo que la humanidad esté destinada durante siglos al feudalismo digital.

Si queremos una infraestructura tecnológica ética-y debemos, ya que el futuro de nuestros derechos humanos, de la democracia y, muy posiblemente, de la especie depende de ello-, debemos financiarla y construirla.

La respuesta al capitalismo de vigilancia no es distribuir mejor las recompensas de sus injusticias o normalizar sus prácticas a nivel estatal.

La respuesta al capitalismo de la vigilancia es un sistema socio-tecno-económico-basado en los derechos humanos y en el interés público. Tenemos que crear y financiar organismos independientes que trabajen a nivel europeo por y para el bien común, para construir una tecnología ética que defienda la soberanía individual y el bienestar de los bienes comunes.